Como empezar a ahorrar cuando ganas poco.

Como empezar a ahorrar cuando ganas poco.

ARTÍCULO 1

Cómo empezar a ahorrar cuando ganas poco: primero recupera el control

Diagnóstico: ¿ingresamos poco o gastamos demasiado?

Como introducción, podemos partir de algo que tenemos que definir: ¿realmente nuestros ingresos son demasiado bajos o nuestros gastos son demasiado altos?

Y, a partir de ahí, preguntarnos: ¿cómo podemos solucionarlo?

Primero tenemos que determinar si nuestros ingresos son suficientes. Para hacerlo, debemos elaborar una lista de nuestras necesidades básicas.

Cuando hablamos de necesidades básicas, nos referimos a aquello que resulta indispensable para mantener una vida digna: alimentación, vivienda, salud, servicios básicos como electricidad y agua y, en los lugares donde sea necesario, gas. También debemos considerar el transporte y las personas que dependan económicamente de nosotros.

Esta lista puede variar de una persona a otra, porque todos tenemos situaciones diferentes. Podemos tener hijos, familiares a nuestro cargo u otras responsabilidades.

Lo importante es incluir únicamente aquello que realmente sea indispensable para mantener una vida digna.

Si, después de hacer esta lista, nuestros gastos básicos siguen siendo superiores a nuestros ingresos, entonces el diagnóstico es claro: nuestros ingresos son demasiado bajos para cubrir nuestra manutención de manera digna.

Y esto es importante.

Una persona que no puede alimentarse adecuadamente, descansar o cubrir sus necesidades básicas tampoco podrá trabajar al cien por cien de sus capacidades.

Por eso, si nuestros ingresos no alcanzan para cubrir lo indispensable, el problema principal está en el nivel de ingresos.

Pero existe un segundo escenario.

Después de hacer nuestra lista de necesidades y obligaciones indispensables, puede ocurrir que nuestros gastos sean mayores que nuestros ingresos debido a otras responsabilidades financieras.

Por ejemplo, podemos estar pagando préstamos, tarjetas de crédito o compromisos adquiridos en el pasado.

Es posible que esos pagos sean actualmente necesarios. No necesariamente fueron decisiones irresponsables; simplemente son compromisos que adquirimos anteriormente y que ahora tenemos que afrontar.

En ese caso, si nuestras salidas de dinero son superiores a nuestros ingresos debido a esas obligaciones, el problema no está necesariamente en nuestros ingresos, sino en nuestros gastos y responsabilidades financieras.

Entonces, ¿cuál es el plan de acción?


Si nuestros ingresos son demasiado bajos

Si estamos en el primer caso, en el que nuestras necesidades básicas son superiores a nuestros ingresos, el objetivo es incrementar nuestros ingresos.

¿Cómo?

Podemos hacerlo mediante nuestro trabajo, buscando algunas horas adicionales, buscando un empleo mejor remunerado o incluso generando ingresos mediante la venta de productos o servicios.

Hay un dicho que dice que quien sabe vender siempre tendrá trabajo, porque vender es algo que siempre existe: podemos vender productos, servicios o incluso nuestras propias habilidades.

La primera opción puede ser negociar nuestro salario.

La verdad es que puede ser complicado. Dependiendo de la zona en la que vivamos, del país o de las circunstancias, puede que no sea sencillo.

Pero tenemos que entender que nuestro trabajo tiene un valor.

Si hacemos nuestro trabajo con compromiso, responsabilidad y dedicación, podemos negociar un aumento de sueldo independientemente del puesto que tengamos.

Nosotros podemos pedirlo, negociarlo, solicitarlo y justificarlo.

Otra cosa es que la empresa decida concederlo.

Puede decir que no, por supuesto.

Pero la acción que está en nuestras manos es pedirlo, negociarlo y justificar por qué consideramos que debemos recibirlo.

Si la empresa decide que no, entonces pasamos a la siguiente opción.

Cambiar de trabajo

El objetivo no tiene que ser necesariamente duplicar nuestros ingresos de un momento a otro.

Lo que necesitamos inicialmente es crear un superávit, es decir, conseguir que nuestros ingresos sean mayores que nuestros gastos.

Ese superávit puede comenzar siendo de 20 euros, 20 dólares o la cantidad equivalente en la moneda de nuestro país.

Lo importante es comenzar a crearlo.

Porque cuando empezamos a tomar acciones y comenzamos a ver resultados, no solo cambia nuestra situación económica. También ocurre algo muy importante a nivel psicológico y motivacional.

Cuando vemos que hemos conseguido tomar el control de nuestra situación y modificar, aunque sea ligeramente, el momento que estamos viviendo, empezamos a sentir que podemos hacerlo.

Por eso, podemos:

  • Negociar nuestro salario.
  • Buscar otro empleo.
  • Trabajar algunas horas extra.

Pero esta tercera opción hay que manejarla con cuidado.

No podemos pensar en trabajar horas extra indefinidamente o sin límite, porque podemos entrar en el terreno del estrés laboral y terminar reduciendo nuestro propio rendimiento.

Tenemos que ser conscientes de cuántas horas adicionales realmente podemos trabajar.

Puede ser una hora, dos horas o ninguna.

Y si no podemos trabajar horas extra, también podemos tomar otra decisión: buscar un trabajo mejor remunerado por el mismo número de horas trabajadas.


Vender para generar ingresos adicionales

Existe una cuarta opción que puede chocar un poco con nuestra cultura o con nuestros propios principios.

A mucha gente le da vergüenza vender cosas.

Pero vender forma parte del comportamiento humano desde hace muchísimo tiempo. Nuestros antepasados ya intercambiaban productos y servicios.

Por eso, vender no debería avergonzarnos.

Podemos vender prácticamente cualquier cosa.

Podemos vender pequeños alimentos, como frutos secos o semillas, que sean fáciles de transportar y consumir.

Podemos vender otro tipo de productos, como ropa ligera, calcetines u otros artículos.

Y también podemos vender servicios.

Por ejemplo, si conocemos a una persona que limpia casas, podemos decirle:

«Si yo consigo un cliente, ¿me das una comisión o una cantidad determinada?».

De esta manera, podemos comercializar el servicio que presta otra persona.

Estas son ideas reales que pueden funcionar para generar un ingreso adicional, y, como he repetido, no tiene que ser un ingreso enorme ni desproporcionado, tiene que ser un ingreso extra que genere una diferencia positiva a nuestro favor.

Porque esa pequeña diferencia puede convertirse en el punto de partida para continuar avanzando hacia la solución.


Cuando el problema son nuestras obligaciones

Veamos ahora el otro escenario: aquel en el que nuestras necesidades o responsabilidades son mucho mayores que nuestros ingresos.

Aquí tenemos que revisar cuidadosamente qué está ocurriendo.

Puede que tengamos deudas, suscripciones de entretenimiento, gimnasio u otros servicios que no utilizamos, si estamos atravesando una situación financiera difícil, tenemos que revisar todo esto.

Las suscripciones que no utilizamos deberían ser desactivadas, canceladas o eliminadas.

No podemos permitirnos seguir acumulando gastos innecesarios mientras nuestra situación financiera se deteriora.

Después tenemos que revisar nuestras deudas.

¿Qué tipo de deuda tenemos?

Las tarjetas de crédito pueden convertirse en una de las formas más costosas de deuda de consumo.

¿Cómo podemos mejorar esa situación?

Existen diferentes alternativas.

Una de ellas, y posiblemente una de las mejores, es renegociar la deuda con el banco.

Si nuestro historial crediticio todavía es bueno y no estamos en una situación de mora, podríamos valorar obtener un crédito con un interés menor para liquidar las tarjetas de crédito y dejar de utilizarlas.

Si ya estamos en mora, la situación puede ser diferente.

En ese caso, podemos intentar renegociar con el banco para transformar esa deuda en una modalidad de crédito con condiciones más manejables o, mediante las alternativas legales disponibles, detener o reducir el crecimiento de los intereses.

También existen otras opciones que pueden ser menos accesibles, pero que están ahí.

Por ejemplo, pedir ayuda a un amigo o familiar.

Por supuesto, esto requiere responsabilidad. Tenemos que entender que ese dinero también pertenece a otra persona y que debe estar disponible para nosotros en las condiciones que hayamos acordado.

Pero si, por ejemplo, una tarjeta de crédito nos está cobrando un 15 o 20 % anual, podríamos acordar con un amigo o familiar un interés del 5 %, de esta manera, podemos reducir considerablemente el coste de la deuda.

¿Y qué conseguimos con eso?

Que nuestras deudas sean más pagables.

Me refiero a que, con el tiempo, podemos conseguir que una deuda que, según las condiciones originales, deberíamos pagar durante cinco o seis años, pueda terminar liquidándose en menos tiempo y pagando menos dinero.

Eso se consigue reduciendo los intereses.


Revisar lo que realmente necesitamos

Este es el escenario en el que nuestros gastos han superado nuestros ingresos de una manera descontrolada y, además, existen gastos que realmente no son indispensables.

Tal vez algunos sean necesarios dependiendo del momento y de la situación que estemos atravesando, pero no son indispensables.

Por eso, los invito a revisar cuidadosamente esos gastos.

Si conseguimos generar un pequeño superávit, una diferencia positiva a nuestro favor, eso es maravilloso.

Porque entonces no necesitaremos realizar cambios mucho más profundos para comenzar la siguiente fase: la fase acumulativa.

Es decir, la etapa en la que, una vez que hemos saneado nuestra situación, comenzamos a construir sobre ella.

Y ese será precisamente nuestro siguiente paso: aprender a transformar ese pequeño superávit en ahorro.


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