Cuando nadie cree en tu proyecto

Cuando nadie cree en tu proyecto

 “Cuando nadie cree en tu proyecto”.

Vamos a hablar de un tema que, normalmente, es una de las razones por las que terminamos desistiendo de los proyectos que comenzamos.

A veces es la falta de motivación, pero muchas veces esa falta de motivación también viene de la falta de apoyo de la gente que nos rodea, de las personas que pensamos que nos van a impulsar, que nos van a animar y que van a creer en nosotros.

Y creo que vale la pena hablar de esto.

En primer lugar, me gustaría señalar algo: si queremos hacer algo que requiere, o que tiene como propósito, producir cambios profundos en nuestra vida, en nuestro cuerpo o en nuestras costumbres, estamos hablando de un cambio importante.

Y los cambios importantes normalmente requieren mucho esfuerzo. Son cosas que mucha gente no hace, que otros quizá han pensado hacer pero nunca les han dado la importancia suficiente.

Por eso, el nivel de esfuerzo que vamos a necesitar será, en buena medida, proporcional al objetivo que estamos persiguiendo.

Entonces aparece una cuestión importante: ¿qué pasa cuando esperamos recibir apoyo de los demás?

Normalmente, el apoyo se desarrolla como una bola de nieve. Al principio puede ser prácticamente nulo. La gente observa, espera y no sabe muy bien qué estás haciendo. Pero, conforme el proyecto comienza a avanzar y demuestra que puede funcionar, algunas personas empiezan a acercarse, a aportar y a colaborar.

Normalmente es así.

El problema es que el tiempo que transcurre entre el momento en que iniciamos un proyecto y el momento en que ese proyecto comienza realmente a caminar puede ser muy largo.

Y además de ser largo, puede ser muy duro.

Durante ese período podemos recibir muy poco apoyo y, en cambio, recibir muchas críticas, comentarios negativos e incluso mucha energía negativa de las personas que nos rodean.

Por eso es importante estar conscientes de que esto puede ocurrir cuando decidimos comenzar algo.

Y hay algo más: mientras más potente sea el resultado que queremos obtener con nuestro proyecto, probablemente más difícil será conseguir apoyo al principio.

Pero, además de todo esto, hay una cuestión que considero todavía más importante: tenemos que estar conscientes de cuáles son los resultados que realmente queremos conseguir.

Porque a veces comenzamos un proyecto esperando obtener, sobre todo, la aprobación de los demás.

Y creo que eso es delicadísimo.

¿Por qué?

Porque la aprobación de los demás no depende de nosotros.

Cada persona va a interpretar, valorar y juzgar el proyecto que tú hayas emprendido de la manera que considere conveniente. Lo mismo ocurrirá con cualquier proyecto que yo emprenda.

Por eso, hacer que nuestro éxito dependa de la aceptación de los demás es demasiado peligroso.

Creo que la primera evaluación que debemos hacer cuando comenzamos un proyecto es precisamente esa:

¿Estoy haciendo esto porque quiero conseguir un determinado resultado o porque quiero que los demás aprueben lo que estoy haciendo?

Si comenzamos un proyecto por el resultado que puede proporcionarnos, estamos recorriendo un camino mucho más claro y, diría, más lineal.

Ahora bien, eso no significa que no necesitemos a los demás.

Los seres humanos podemos sobrevivir individualmente, pero no prosperamos individualmente.

La naturaleza nos hizo así. Necesitamos comunidades, necesitamos relacionarnos y necesitamos a otras personas para prosperar.

Por eso, perseguir el propósito de nuestro proyecto no significa que podamos prescindir de los demás.

En un proyecto financiero, por ejemplo, necesitamos bancos, clientes, jefes, empresas, proveedores y muchas otras personas para poder avanzar y cumplir nuestros objetivos.

Por eso hay que diferenciar dos cosas que son muy distintas:

Una cosa es necesitar que otras personas aporten a nuestro camino y otra muy diferente es necesitar que esas personas aprueben nuestro camino.

Cuando conseguimos entender esa diferencia, ya hemos ganado muchísimo.

Porque entonces dejamos de esperar que los demás crean en nuestro proyecto y empezamos a entender que, en determinados momentos, simplemente necesitaremos que colaboren con él.

Y eso cambia completamente nuestra perspectiva.


El proyecto tiene que poder medirse

Durante el desarrollo del proyecto también considero importante establecer pequeñas metas que nos permitan medirlo.

¿Por qué?

Porque medir nos permite tener la certeza de que estamos avanzando.

Tenemos que entender que al principio, y también en muchas otras etapas de nuestros proyectos, el avance puede ser mínimo.

Incluso puede parecer que el proyecto se ha congelado, pero muchas veces no se ha congelado.

Simplemente está avanzando a una velocidad que no podemos percibir fácilmente.

Y hay algo que debemos aprender a valorar: mantener vivo el proyecto también es un logro.

Que el proyecto siga allí, que no lo hayamos abandonado, que sigamos trabajando en él aunque los resultados todavía no sean visibles, ya representa un avance.

Tal vez no sea un avance que podamos cuantificar, pero sí podemos sentirlo, es un avance cualitativo.

Y creo que también debemos aprender a disfrutar todas las etapas de nuestro proyecto, no solamente debemos disfrutar cuando llega el resultado final.

Debemos disfrutar cuando sembramos, cuando cuidamos, cuando esperamos y cuando vemos aparecer los primeros resultados.

Porque, al final, ver crecer algo que nosotros mismos hemos sembrado tiene un valor enorme.


Y cuando finalmente funciona…

Cuando finalmente obtenemos un resultado, hay otra cosa que considero importante.

Si hicimos el proyecto buscando nuestra propia satisfacción por el resultado conseguido, tampoco deberíamos adoptar una actitud de revanchismo hacia las personas que no creyeron en nosotros o que no nos apoyaron.

No necesitamos demostrarles que estábamos en lo correcto.

Creo que es suficiente —y hasta más que suficiente— con observar el resultado, sembrar una planta y verla florecer y dar fruto es impresionante.

No necesitamos convencer a los demás de que hemos hecho bien las cosas.

La vida misma nos lo está demostrando.

Por eso, creo que debemos pensar más en el proyecto, en el resultado y en el avance, y mucho menos en la aprobación.

Dejemos a un lado la aprobación y pensemos más en la colaboración.

Porque cuando las personas comienzan a colaborar, nuestro proyecto empieza a tomar fuerza.

Puede que a alguien no le guste nuestro proyecto. Puede que ni siquiera lo conozca, pero si está involucrado en alguna parte del camino, su colaboración forma parte del proyecto.

Es como un cocinero que va al supermercado.

La persona que está en el supermercado quizá no conoce al cocinero, quizá no conoce su receta y quizá ni siquiera le interesa lo que va a cocinar.

Pero cuando le vende los ingredientes, está colaborando con el proyecto.

Eso también es parte del camino.

Por eso es importante entender que no necesitamos que los demás crean en nuestro proyecto, que les guste o que lo comprendan completamente.

Lo importante es que nuestro proyecto nos represente.

Que nos produzca plenitud.

Que nos produzca realización.


También hay que estar preparados para el sabotaje

Hay algo que olvidé mencionar y que también debemos tener presente.

En los proyectos no solamente vamos a encontrar falta de apoyo o falta de confianza.

Tenemos que estar preparados para vivir otras cosas.

Incluso podemos encontrarnos con personas que intenten sabotear nuestro proyecto.

Y no lo digo desde la desconfianza ni desde la idea de que debemos pensar mal de todo el mundo, lo digo porque es una posibilidad real.

Puede haber personas que sepan que pueden ayudarnos y, aun así, decidan no hacerlo.

Personas que saben que determinado apoyo sería importante para nosotros y que, precisamente por eso, deciden no proporcionarlo.

También tenemos que estar preparados para eso, porque un proyecto no solamente tiene que sobrevivir a la falta de apoyo.

A veces tiene que sobrevivir también a la indiferencia, a las críticas y hasta a las acciones de quienes, pudiendo ayudar, deciden obstaculizar.

Y si después de todo eso el proyecto sobrevive y continúa avanzando, ya tenemos algo muy importante: un resultado positivo.

Porque quizá la verdadera prueba de un proyecto no sea cuántas personas creyeron en él al principio.

Quizá sea comprobar si nosotros fuimos capaces de seguir construyéndolo cuando casi nadie creía en él.

Y ahí es donde, muchas veces, comienza realmente la construcción.


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